Cuando hablamos de teología
feminista, no estamos, lógicamente, hablando de teología sólo hecha por
féminas, dado que hay muchas mujeres que hacen teología, y buena, y esa
teología no es feminista. Es más, algunas de las críticas más certeras a lo que
llamaremos teología feminista procede de mujeres teólogas, como es el caso de
Barbara Albrecht, que se dedicó durante muchos años a la formación de agentes
de pastoral; la teóloga y pedagoga Jutta Bruggraf; o la psicóloga Christa
Meves, entre otras. Cuando hablamos de esta teología feminista, no estamos
hablando sólo de la cuestión de la mujer, lo femenino, y la teología, o en la
teología; ni de la cuestión de la mujer en la Iglesia, tal y como la ha
planteado, por ejemplo, recientemente el Papa Francisco. De hecho, en el siglo
XX hemos contado con Gerturd von la Fort, Singrid Undset, Ida Friederike
Görres, Edith Stein, Olda Schneider, entre otras, que han hecho relevantes
aportaciones a la filosofía, a la teología y a la espiritualidad, reflexionando
sobre su identidad femenina.
La teología feminista, de la que
habla este libro, es una teología elaborada a partir de los presupuestos del
feminismo. De hecho, el feminismo de esta teología, una de las claves más
reveladoras de los derroteros que arrastra esta forma de teología de genitivo,
o teología adjetiva, nos llevaría a hablar de un feminismo teológico, que,
además, tiene varias versiones, o de una crítica feminista en la teología. Dado
que esta teología no es unitaria -probablemente hay tantas teologías feministas
como teólogas feministas-, nos encontramos con teólogas que quieren permanecer
dentro del cristianismo, y teólogas que han abandonado la fe cristiana como insalvablemente
patriarcal. Incluso hay que distinguir entre el feminismo ginocéntrico y el
andrógino, y, por tanto, entre la teología feminista geocéntrica, el retorno de
las diosas, con la andrógina, la teológica del ser asexuado.
Lo que ofrece este clarificador
estudio del catedrático Manfred Hauke, traducido y prologado por Félix Ochayta,
es la idea de que la teología feminista, si se entiende desde una inadecuada
antropología, es una amenaza en la medida en que toca la sustancia del ser del
hombre y de la fe cristiana. Si, además, le añadimos la influencia
histórico-intelectual evidente del marxismo, con una comprensión de la libertad
basada en el existencialismo, nos encontramos con una mixtura que concluye en
derroteros inimaginables. Como inimaginables son algunas de las afirmaciones
que sostiene esta forma de teología.
Así, ha precisado que del "feminismo de la
igualdad" y del "feminismo de cuota", que reclama al menos
la mitad de los cargos de responsabilidad para las mujeres, se ha pasado
"a la pretensión delempoderamiento de la mujer, al feminismo radical
o al feminismo ginocéntrico".
Atendiendo al ámbito cultural español, Reig Plà ha
señalado que el "feminismo radical" es más conocido por "sus
pretensiones políticas y por sus vinculaciones con los movimientos que
promueven el aborto, el ataque al matrimonio monógamo e indisoluble y a la
maternidad". Sin embargo, ha admitido que su capacidad de penetración en
los 'mass media' representa "todo un reto" para el pensamiento
cristiano.
Hemos de subrayar, para finalizar nuestro artículo, que la Iglesia es
"una teología de la mujer" y, citando la Evangelium Vitae de
Juan Pablo II, ha remarcado que el Magisterio de la Iglesia ha dado las
claves para ir dando respuestas "verdaderas y buenas" e instando
a las mujeres a ser "promotoras de un nuevo feminismo que, sin caer en la
tentación de seguir modelos machistas, sepa reconocer y expresar el verdadero
espíritu femenino".
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