
La
koinokía vivida entre las tres Personas divinas está también muy presente en
los signos y palabras que nos presenta el evangelio según san Juan, como
hace resaltar el autor. “El Padre y yo
somos una sola cosa” (10, 30); “El que me ha visto a mí, ha visto al
Padre” (14, 10) “Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí” (14,11ss);
“Son sólo algunas de las expresiones de Jesús referidas al Padre con las que
nos revela el cuarto evangelio la unidad profunda entre cada una de
las Personas de la Trinidad. Es una relación de amor en la cual
Cristo mismo pide que seamos incluidos sus seguidores para dar ante
el mundo el testimonio de la comunión divina que fundamenta nuestra fe: “Que
sean uno, así como nosotros somos uno: yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfeccionados
en unidad, para que el mundo sepa que tú me enviaste, y que los amaste tal como
me has amado a mí.” (17, 22s).
Basados
en la revelación de la comunión de amor entre el Padre y el Hijo, los cristianos
de las primeras comunidades comenzarán a experimentar de manera concreta las implicaciones
de la puesta en práctica de la misma unidad en el Espíritu: “Se dedicaban continuamente
a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión [Koinonía], al partimiento del
pan y a la oración. en común; vendían todas sus propiedades y sus
bienes, y los compartían con todos, según la necesidad
de cada uno. Día tras día continuaban unánimes en el templo y partiendo el pan en
los hogares, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios
y hallando favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día al
número de ellos nuevos miembros” (Hch 2, 42ss). Esta misma realidad
de comunión con Dios y entre los hermanos es a la que invitan muestra
así la enseñanza bíblica que la comunión que se vive al interno de Dios
Trinidad debe ser asumida y puesta en práctica por parte de los
cristianos en cada momento de la historia: “Mantened la unidad del
espíritu con el vínculo de la paz”, nos dirá el apóstol Pablo (Ef
4,3) y del amor resonará siempre en los corazones de los cristianos:
“El que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios
a quien no ha visto. Y este mandamiento tenemos de Él: que el que
ama a Dios, ame también a su hermano”. Precisamente así lo cantará el Ubi
caritas, el bello himno de la Iglesia compuesto en la Edad Media para acompañar
la celebración del Jueves Santo: Donde hay caridad y amor, allí está
Dios… es una invitación que permanece como un desafío para los
creyentes de todos los tiempos, llamados a actualizar continuamente
la realidad divina en medio de la vida de los hombres en el mundo.
Christian Yepes, tras un recorrido teologal en la unidad de las tres personas divinas, realiza un breve recorrido sobre el tema de la paz en la enseñanza y vida de la Iglesia. De esta forma, una vez asentados los fundamentos trinitarios, bíblicos y
eclesiales, en la última parte de la obra trata los aspectos concretos que en nuestra
historia humana nos ayudan a ser constructores de paz. Al final, en apéndice, homilía del papa Francisco en la vigilia por la paz en
Siria (7-9-2013).
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