
La atención a los pobres es clave
desde el comienzo mismo del nuevo pontificado. Inmediatamente después de haber aceptado
su elección, el nuevo papa debe comunicar su primera decisión como obispo de
Roma: el nombre que elige. Y a Jorge Mario Bergoglio se le pasó por la cabeza
una idea al respecto, gracias al abrazo de un querido amigo. El último
escrutinio de la jornada, al atardecer de aquel lluvioso 13 de marzo de 2013,
fue decisivo. El cardenal de Buenos Aires se había acercado a los dos tercios
de los votos, ya en la primera votación de la tarde, la cuarta del Cónclave.
Luego, un incidente había ralentizado la elección: al abrir la urna, en el
momento del escrutinio de la quinta votación, se había encontrado una papeleta
más que el número de votantes: un cardenal no se había dado cuenta del hecho de
que dos papeletas se habían quedado pegadas la una a la otra y había metido en
la urna dos, en lugar de una. Se decidió no contabilizar aquellos votos, sino
repetir inmediatamente la votación, tal y como está previsto en las normas del
Cónclave. Así fue como el papa fue designado en la sexta votación, aunque en el
quinto escrutinio. Conforme los votos iban aumentando, Bergoglio era confortado
por el cardenal brasileño Claudio Hummes, amigo suyo, que estaba sentado a su
lado. A las 19.05 –la hora ha sido anotada por el cardenal Angelo Comastri– el
cardenal de Buenos Aires, tras haber respondido «acepto» a la pregunta del
decano del colegio, dice a los electores: «Vocabor Franciscus», «me llamaré
Francisco».
Será el propio Pontífice quien explique la elección del nombre,
cuando se encuentre, tres días después, con los periodistas, el 16 de marzo. Es
la primera vez en dos mil años de Historia de la Iglesia que un sucesor de
Pedro decide llamarse Francisco y, desde la tarde de la elección, algunos
invitaban a no considerar al poverello de Asís como el verdadero inspirador de la
elección. «Algunos no sabían por qué el obispo de Roma había querido llamarse
Francisco», dice el Papa Bergoglio, «y pensaron en san Francisco Javier o en
san Francisco de Sales». Efectivamente, estas fueron interpretaciones
recurrentes por parte de quien consideraba demasiado extraño que un papa
jesuita tomase el nombre del santo de los franciscanos. Una decisión que no
maduró sobre la base de un razonamiento abstracto, sino como consecuencia del
abrazo alentador de un amigo. «En la elección, yo tenía junto a mí al arzobispo
emérito de Sao Paulo y también cardenal prefecto emérito de la Congregación
para el Clero, el cardenal Claudio Hummes: ¡un gran amigo, un gran amigo!»,
cuenta el Papa. «Cuando la cosa se hacía un tanto peligrosa, él me daba
ánimos», añade, refiriéndose al progresivo, imparable aumento de los votos con
su nombre. «Y cuando los votos alcanzaron los dos tercios, surgió el aplauso
habitual cuando un papa es elegido, y él me abrazó, me besó y me dijo: “¡No te
olvides de los pobres!”».

Este marcado carácter social del
Papa es el tema clave de la
presente obra que intenta responder a una cuestión
de fondo: ¿Qué opinión tiene el Papa sobre la economía actual?
Algunos periódicos financieros,
grupos de ideología liberal o sectores minoritarios católicos atribuyen al Papa
posiciones anticapitalistas. Otros interpretan su magisterio sobre la doctrina
social de la Iglesia bajo el prisma de sus orígenes latinoamericanos. Andrea
Tornielli y Giacomo Galeazzi -autores de este libro- acuden al propio Papa para
analizar a fondo su pensamiento sobre el sistema económico contemporáneo.
Además de revisar su magisterio en escritos y discursos, realizan una extensa
entrevista en exclusiva con el Santo Padre en la que expone su opinión directa.
El libro también recoge las opiniones del empresario y economista Ettore Gotti
Tedeschi, quien fuera el banquero del Vaticano; del experto en teoría económica
y profesor de Bolonia Stefano Zamagni; y de Carlos Olivero, párroco en un
barrio depauperado en Buenos Aires y amigo personal del Papa Francisco. Andrea
Tornielli, Vaticanista, es redactor del diario La Stampa, coordinador de la
página web "Vatican Insider", y colaborador habitual en diversas
revistas italianas e internacionales. Ha escrito varios libros, traducidos en
17 países.
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